20.09.2012


La dura: Gardel nació en Francia, pero no cantaba La Marsellesa


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Una vez más, como ocurre para su natalicio o para el aniversario de su muerte, se discute “con pruebas en mano” la “verdadera nacionalidad” de Carlos Gardel. Esta vez, debido a que en el diario La Nación de Buenos Aires se difundió la noticia de que el Zorzal Criollo es francés y no uruguayo ni argentino.

El dato fue extraído del libro El padre de Gardel, escrito por el argentino Juan Carlos Esteban y los franceses Georges Galopa y Monique Ruffié. En él se reproduce un certificado que muestra que “Charles Romuald Gardes -nombre de nacimiento de Carlitos- fue inscrito el 11 de diciembre de 1890 en el Registro Civil de Toulouse, en Francia”.

¡Qué les dijeron a los argentinos! “¡¿Eso es una prueba, che, loco?!” Y sí. Es una prueba documentada… excepto por un detalle: “¡¿Y las demás pruebas, querido?!”. Sin  olvidar a los uruguayos, quienes esgrimen sentidas razones para gritar a los cuatro vientos que Gardel les pertenece.

La pregunta es: ¿Cuáles pruebas? ¿La de un presunto padre de nombre Paul Jean Lassere, perdido en la oscuridad de la historia? ¿La que muestra a Gardel de niño, adolescente y adulto en Argentina, che hasta los huesos y expresándose en lunfardo? ¿O acaso aquellos “auténticos” documentos que prueban que Carlos Gardel nació en Tacuarembó, República Oriental del Uruguay, el 11 de diciembre de 1887?

No sé qué opina usted, pero Gardel no pasó a la gloria cantando candombes ni revolturas francesas, sino tangos y canciones que nos hacen ver los destinos trágicos de porteños y no de montevideanos o parisinos, por mucho que contengan influencias de esos pueblos.

Pero cuidado, hermanos buenos para la parrillada, porque aunque ustedes lo merezcan, así como Homero, nacido en Esmirna, en Quíos o en Colfón, es ciudadano del mundo, Carlitos también lo es. Lo demuestra el mito, la prueba más concluyente.

Así que déjense de pavadas los investigadores que le buscan las cinco patas al gato o el cuesco a la breva, porque el “dios” Gardel es de todos. Espérense un litro y verán que en menos de un par de años aparecerá una nueva historia que, en una de esas, descubre que Carlitos ¡es chileno! Puro mito. Verdad pura. Carlos Gardel es francés, argentino, uruguayo, chileno y estadounidense.

Reconozcamos lo evidente. Pero no así como así, sino en la onda mística, a través de una anécdota local que demuestra que muchos chilenos también somos ultrafanáticos de Gardel y lo consideramos familia:

“El modesto restaurante lucía normal. Se hallaban tres o cuatro personas en la barra y dos mesas ocupadas por clientes habituales. Detrás del mostrador, en la pared donde se encontraban los vinos, destacaba un retrato de Carlos Gardel.

De pronto hizo su aparición un curadito. Todos lo miraron, pero como se comportaba con caballerosidad, el dueño del restaurante lo dejó ser, sobre todo cuando, después de una caña, comenzó a alabar un retrato de Gardel:

- ¡Che Carlitos –dijo con acento argentino-, sos grande, sos lo máximo! ¡Qué digo lo máximo, vos sos un Dios! ¡Qué bien te ves con ese sombrero!

Terminadas esas palabras, el curadito pagó y se fue.

A la noche siguiente sucedió lo mismo: “¡Che Carlitos, sos grande, sos lo máximo! ¡Qué digo lo máximo, vos sos un Dios! ¡Qué perfecto te ves con ese sombrero!”.

Y así durante más de un mes, hasta que tanto el dueño como los clientes frecuentes decidieron darle una lección porque en realidad se estaba poniendo pesado.  Para ello sacaron el retrato de Gardel y pusieron uno de Napoleón con todos sus atavíos.

El curadito llegó como de costumbre y, luego de pedir un trago, se quedó mirando el retrato y dijo:

- ¡Che Carlitos, vos lo que te pongás te queda bien!

Eso nomás. Ahí está la prueba de la verdadera nacionalidad de Carlos Gardel.


Gabriel Enos Aguirre

Autor del Artículo:

Gabriel Enos Aguirre

Gabriel Enos Aguirre fue un periodista de dilatada carrera en diferentes medios de la capital y de provincia, hasta que se retiró jubiloso de las pistas en 2005 para dedicarse de lleno a la literatura y a la pintura. Junto a ello, en la actualidad dirige el Taller Literario Homero y colabora para el Cuatroletras. Es el tata del equipo. Tiene 65 pepas, pero no representa ni 64, lo que se reflejan en su juvenil estilo de escribir.


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