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"Si no tienes sentido del humor, estás a merced de los demás". -William Rotsler- |
No es por sembrar el terror entre los hermanos síquicos como la Zita Tarot, Carlos Meschi o los garotos do Queck Red Alert, pero esta campaña emprendida por el Canal 13 a través del “Tío Emilio” Sutherland en contra de quienes dicen ver el futuro, oler los terremotos, comunicarse con muertos o espantar al demonio se ha transformado en una caza de brujas y eso no puede ser. No en este siglo. No entre quienes respetamos a quienes son diferentes.
En tiempos en que estamos reconociendo que condenar a los homosexuales es una ociosidad maldadosa, que fumar marihuana es muchísimo menos dañino que chupar o que cagarse los pulmones con cigarrillos, me parece inverosímil que se persiga a los viejos y queridos brujos o a faranduleros que no le hacen daño a nadie que no sea a sí mismos.
Una cosa es denunciar a quienes juegan con la salud de personas ingenuas que confían más en un charlatán que en los médicos, pero otra muy distinta es que se persiga y se condene al escarnio público a tarotistas y a médiums que no han pecado ni venial comparado con nuestro propio proceder.
Por lo demás, muchos grandes hombres -entre ellos algunos premios Nobel- como William Crookes, César Lombroso, Arthur Conan Doyle, Michael Faraday, León Tolstoi y Charles Richet realizaron investigaciones y trabajos sobre las facultades de los médiums, convencidos de su arte, si bien otros como Harry Houdini, Carl Sagan y James Randi han desacreditado a estos clariestésicos.
Asimismo, “creer” en algo, sobre todo si es en beneficio de la salud y la paz interior, bendito sea. ¿Por qué sólo creer en Dios, en el Demonio, en los santos y en los consejos de los curas? Es de sobra notorio que muchos se han decepcionado de los llamados ministros de Dios y no les creen ni lo que rezan, y, por el contrario, han encontrado reposo en manos de quienes obran prodigios a través del Feng Shui, a pesar que su valor terapéutico está severamente cuestionado y sus efectos no vayan más allá de los producidos por la homeopatía, también catalogada de chanta por la Organización Mundial de la Salud. Y no así nomás, dice la OMS que la homeopatía “es tratar de curar con agua” o con placebo. Pero insisto en que el que quiere creer, que crea, y si es por sanar a un hipocondríaco que se está autodestruyendo no hay vuelta que darle.
En resumen, podría echarse en una misma canasta a todo aquel que no se rija estrictamente por los dictados de lo “oficial”, dejando en claro que está probado que desde ahí nos tienen bastante a mal traer.
Todo es cosa de usted. Siéntase libre. Elija lo que le diga su instinto y no lo que le embuten los oficiales del Poder tapándole las narices. La vida es corta y nada agradable. Si la Zita Tarot le dice que se cuide de comentarios, hágale caso. Sé que se sentirá mejor que si visita a un psicólogo que le dirá lo mismo, o a un psiquiatra pastillero que le costará tres veces más caro.
Sí, me parece que al colega Emilio Sutherland, en especial a sus superiores, quienes alimentan su hambre de desenmascarar a supuestos chantas, se les ha pasado la mano. Por varias razones: En su propia trampa, programa copiado del inglés The real Hustle, nació para evidenciar estafas y engaños de delincuentes, y créanme que no considero así a doña Yolanda Sultana o a Pedro Engel, quienes me han arreglado la vida en más de una oportunidad simplemente por su ángel y simpatía a través de la pantalla de una TV cada vez más agresiva.
En segundo lugar, excepto por los casos Lavandero y Spiniak, no he visto al “Tío Emilio” hacer de verdadero paladín de la justicia. Si fuera así, Tíoman habría hecho pebre a políticos, empresarios y economistas que hacen gárgaras con los pobres y que no saben dónde meter la plata. Pero no: Más fácil y sin riesgo es humillar al pobre Enzo Corssi.
No sé usted, pero si alguien no me cuenta que el “Tío Emilio” desenmascaró, atrapó o pilló con las manos en la masa a peces gordos, a quienes de verdad nos hacen daño a diario, no volveré a ver su programa.
Gabriel Enos Aguirre fue un periodista de dilatada carrera en diferentes medios de la capital y de provincia, hasta que se retiró jubiloso de las pistas en 2005 para dedicarse de lleno a la literatura y a la pintura. Junto a ello, en la actualidad dirige el Taller Literario Homero y colabora para el Cuatroletras. Es el tata del equipo. Tiene 65 pepas, pero no representa ni 64, lo que se reflejan en su juvenil estilo de escribir.
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