23.06.2012


Una excitante noche de sexo anónimo que sigue viva en mi memoria


Tal vez soy parte de una minoría (o terriblemente puto), pero siempre he pensado que hay algo excitante en el sexo anónimo. La idea de tener un encuentro íntimo con un total desconocido, sin lazo alguno, se me hace atractivo y seductor.

En mis “años sueltos” tuve muchos encontrones anónimos, pero hay uno que sigue vivo en mi memoria por dos razones: Fue tan bueno que me dejó tiritón durante días y, lo más importante, fue con un personaje icónico de la fauna gay santiaguina. Mis amigos lo llamaban “Conozco, Ocupo y Olvido”.

El mino era rico, entretenido y, de acuerdo a la leyenda, te hacía sentir como el centro del universo una noche entera. Cuando comenzaba a aclarar, él agarraba sus pilchas y se perdía en el horizonte. Era como un unicornio del encame.

Me lo encontré una noche de viernes camino al Fausto. Había decidido caminar desde mi apartamento en el centro para disfrutar la noche fresca de primavera y también para ver si saltaba la liebre camino a la disco.

Lo vi sentado en una banca en el parque y fue imposible no darle una buena catada. Se veía bueno como el pan amasado en la mañana.

Para mi sorpresa, me hizo un gesto para que me acercara y, con la velocidad del Correcaminos, yo ya estaba sentado y babeando a su lado en menos de un pestañeo.

No me dijo su nombre, pero comenzamos a conversar como si nos conociéramos de toda la vida. El cabro era encantador y te embolinaba la perdiz con historias, bromas y palabras bonitas. Media hora de conversa y yo estaba completamente enamorado.

A la hora no quería que la noche terminara y lo único que deseaba era conocerlo más a fondo. Tenía la cabeza llena de pensamientos cochinos, cuando me preguntó si vivía cerca y propuso que nos fuéramos a mi casa. Yo de una comencé a pasarme la película. Me lo iba a servir de pies a cabeza, no iba a dejar centímetro de su cuerpo sin degustar; si no hubiese leyes en contra de sexo en público, lo habría empelotado ahí mismito.

Cuando llegamos a mi depto fue (como dicen por estos lares) down to business. El chiquillo comenzó a tirar las manos como un pulpo en celo y yo apenas podía contenerme. La ropa voló en los primeros 30 segundos y los resfregones y lengüeteos se pusieron intensos. El príncipe azul se movía como un gato, lento y seductor, ronroneando mientras se deslizaba de una a esquina a otra.

Me tenía con los ojitos blancos y los dedos de los pies como abanico en un día caluroso. La espalda se me arqueaba y hasta tiritones me venían a intervalos.

Ni siquiera habíamos entrado al área chica y yo estaba listo para irme en una ola de champaña y placer. Él me decía con el aliento entrecortado “quiero que esto dure toda la noche”.

Cuando finalmente el encontrón se puso heavy, el casanova se me tiró encima sin anuncio previo. A las patas de la cama les salieron várices y los resortes rechinaban como un violín desafinado.

Al final de la noche estábamos exhaustos y felices. Le pedí que se quedara, pero me  dio un último beso, se vistió y se fue. Nunca más lo volví a ver.

“Conozco, Ocupo y Olvido” es un ser mitológico. Como el Viejito Pascuero, se nos aparece a los colitas que somos buenos, nos da un regalito y luego se va. Yo hasta hoy estoy agradecido del obsequio que me tocó.


Autor del Artículo:

Gay & The City

Ricardo Henríquez es un tocopillano de cuna y alma. A los 23 años se graduó como periodista de la Universidad Católica del Norte y partió derecho a trabajar a La Cuarta. En 2001 emigró a Nueva York en busca de aventuras y nuevas oportunidades y hoy vive en New Haven, donde trabaja como asesor político. En 2011 se casó con su pareja de nueve años, Thomas, con quien adoptaron una linda perrita llamada Penny Lane.


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  • http://www.facebook.com/Tomleiva Tomas Leiva

    jajajajajajajajaja buenísima! como siempre me reí mucho!

  • Paolic12

    jajjaajjajja k wena

  • http://twitter.com/larozito rozito martinez

    que wena! no habra uno asi para gorditas superhetero? :C

  • Lalita

    Te leo y empatizo contigo literariamente, porque me pasa lo mismo cuando escribo relatos eróticos: los finales siempre me quedan débiles. Luego pienso que bueno, el sexo también es así, con un inicio esplendoroso, con un desarrollo intenso y un desenlace de 2 segundos………jajajajajajaja

    Y cuando te leo también me pregunto algo: ¿Que opinará tu esposo cuando lee tus historias?
    Un abrazo!

  • xime

    Que bueno saber que un tocopillano puede salir tan lejos. Felicidades por lo logrado.

    Atte.- Tocopillana