15.02.2012


Un loco amor de verano en el sur se transformó en el galán de mi vida


Mi mochileo al sur fue simplemente una parte inolvidable de mi vida. Era el 2003, llevaba mi primer año de universitaria y me creía bacán. Bueno, aún me creo, jajá.

Estando en mi casita, piolita después de un trabajo de verano, llegó una prima santiaguina junto a su amiga a quedarse por unos días, pues exactamente el 13 de febrero emprendían rumbo al sur a mochilear. La idea me gustó y sin mucha insistencia, logré colarme en su travesía. Tres mujeres partieron desde la Terminal de Buses de Concepción camino a Villarrica, pues mi madre no aceptó que hiciéramos todo el trayecto a dedo.

La primera y segunda noches la pasamos en Villarrica. Luego seguimos el  viaje hacia Valdivia, pasamos por Niebla, Frutillar y otras ciudades chicas, para culminar la hazaña en Puerto Montt. La idea era llegar a Chiloé, pero la urgencia de firmar unos papeles de la U me hizo volver antes de lo esperado.

Alcanzamos a estar una noche en Frutillar, pues la dueña de la casa del patio que estábamos arrendando para acampar nos invitó a un pub y partimos con mi prima y su amiga. Ahí estábamos las cuatro conversando con la compañía de un copete loco, cuando al rato se nos acercan dos tipos encachados, altos y fornidos, ambos profesores de Educación Física. Guapísimos por su sola forma corporal y medio simpaticones. Ambos conocidos de nuestra anfitriona, se quedaron en nuestra mesa y compartimos un buen rato. Entrada la noche, nuestra nueva amiga debió irse porque tenía que darle leche a su bebé de algunos meses y la amiga de mi prima se fue con ella a casa. Quedamos mi prima y yo con los guapetones. Hubo música, baile, conversa y mi prima enganchó con uno de estos tipos. Estaban métale atraque, así es que a mí no me quedó otra que seguir conversando con el amigo, que me joteaba caleta, y hacerme la loca.

Al rato mi prima me pide que la acompañe al baño y me cuenta que estábamos invitadas a la casa de su pinche y que quería ir. Si bien la idea no me tincaba mucho, pues recién los veníamos conociendo, acepté. Quería enseñarle a esta loquilla a ser gente, pues en varias noches anteriores me había cagado la onda con minos ricos, porque se le ocurría irse a dormir y que yo la acompañara, así es que le hice la acotación correspondiente y partimos. Llegamos como a los 20 minutos a la casa de este tipo. Nos confesó que era casado y que estaba “viudo de verano”.

Una vez dentro mi prima partió con él rauda a su pieza, mientras el otro chiquillo y yo nos quedábamos conversando en el living.

Al cabo de unas horas, ambos tipos estaban profundamente dormidos, los movimos y nada.

Con la tranquilidad de que estaban raja, mi prima comenzó a revisar el refrigerador y empezó a pasarme cosas las cuales me embolsillé. Unas humitas, una leche condensada y pan fresco fueron nuestros trofeos, junto a un polerón  gigante marca Everlast que el tipo que me joteaba me había pasado para capear el frío.

Salimos de la casa corriendo y pensando que si realmente hubiésemos querido ser malas, nos podíamos haber llevado dinero, celulares, todo… pero en realidad no era más que un juego infantil que, entre otras cosas, pretendíamos les enseñase a no meter más extraños a su casa y menos quedarse dormidos con ellos dentro.

Ahora recuerdo, me da entre nostalgia y vergüenza, pero la verdad es que mientras corría con esas humitas en el bolsillo, no paraba de reír dentro  de mi desesperación.

 

GUILLERMO ERA FEÍSIMO…

Apenas amaneció, nos fuimos a Puerto Varas. No queríamos que en ningún caso estos tipos nos fuesen a buscar, así es que desarmamos la carpa y nos viramos.

En esta ciudad era como todo diferente, lleno de alemanes y rubiecitos no sabíamos para dónde partir. Nos quedamos en la Plaza de Armas un par de horas, hasta que mágicamente aparecieron cuatro mochileros más, tres hombres y una mujer, polola de uno de ellos. Conversamos y nos invitaron a acampar juntos. Para mi fortuna, todos eran de Talcahuano y yo de Concepción, por lo que hubo confianza inmediata. Buscamos un lugar cercano al lago, entre los matorrales y ahí nos instalamos. Compramos vino, bebidas y algunas cosas para comer. Hicimos una fogata y como estos gallos eran músicos andinos, entonamos a Violeta Parra, Inti, Víctor Jara y los Jaivas casi toda la noche.

De los tres machos, uno me llamó la atención. Guillermo era feísimo, pero puta que cantaba lindo; era atento y más encima estudiante de comunicación audiovisual. Como yo estudiaba periodismo, nos caímos en gracia y no paramos de chacharear en casi toda la noche.

Alrededor de las 3 AM el frío era inmenso. Comenzaron todos a retirarse. Ellos cuatro dormían en una carpa y nosotras tres en la nuestra.

Guillermo me invitó a dar una vuelta y tapada en ropa, acepté. Recuerdo que fuimos a una loma, donde la vista era fantástica. Se divisaba todo Puerto Varas iluminado, un hermoso hotel en el fondo, una embarcación tipo velero iluminada en el lago y la luna llena hermoseando más aún el paisaje. Recuerdo también que estaba ebria. Él me guiaba de la mano para no caer, pues apenas podía abrir los ojos de lo borracha que estaba.

Nos sentamos en la orilla de una especie de acantilado bajo el cual estaba el lago y comenzamos a besarnos.  Al rato abrió el primer chaleco que yo traía, luego el segundo, luego bajó el escote de mi polera, mi sostén y comenzó a besar mis pechos. El frío y el viento eran increíbles y demasiado para la aventura. Sin embargo, decidimos seguir. Comencé a tocar su pene bajo su pantalón cuadrillé tipo golfista y nos mantuvimos haciéndonos caricias un buen rato. Entre besos y toqueteos, Guillermo se atrevió, bajo mi pantalón, sacó sólo una pierna de él, bajó el suyo y se montó sobre mí…

Intentamos una y mil veces, pero el frío no nos dejó continuar el acto amatorio. Su pene se achicaba en cada ráfaga de viento que había, pese a que yo lo estimulaba, pero mis movimientos además eran muy torpes, debido a la ebriedad, por lo que nos dimos por vencidos, conversamos un rato más y volvimos a las carpas.

Una vez ahí, Guillermo me dijo: “Esta noche no quiero dormir solo”. Me reí y le indiqué que no lo haría, pues en su carpa lo esperaban tres personas más. Luego rectificó su frase y me dijo: “Quiero dormir contigo”. Reí nuevamente y le dije “bien, traeré mi saco de dormir y nos tiramos aquí a la orilla de la fogata. “No -me dijo- quiero dormir contigo en tu carpa” y como yo seguía medio ebria, acepté. Trajo su saco y se metió conmigo…

mochilero Quedamos encajados al lado de mi prima y su amiga, que ya estaban raja durmiendo hace un par de horas. Nuevamente comenzamos a besarnos, a tocar nuestros cuerpos y a calentar el ambiente. Ya no hacía frío, el calor corporal de los cuatro daba como para sacarse algo de ropa, por lo que no me aguanté y me encaramé sobre él. Comencé a moverme en forma silenciosa, pues mi prima estaba a nuestro lado, pero al cabo de un rato lo olvidé y empecé a quejarme, pues se sentía espectacular. Mientras me movía, lo besaba y le ponía mis tetas en la boca para que mordiera mis pezones. Guillermo era feliz.

Yo no tardé mucho rato en irme. Este gallo ha sido el único en la vida que me ha hecho tener un orgasmo sin tener yo que toquetearme el clítoris. Creo que por eso me enamoré de él. Estando arriba, toqué el cielo sin tener que hacer mucho esfuerzo, cosa rara en mí hasta el día de hoy.

Tras nuestros respectivos orgasmos, nos quedamos dormidos abrazados. A la mañana siguiente, desperté con el movimiento de Guillermo que iba prácticamente arrancando de la carpa con su saco de dormir antes que despertaran mis amigas.

Cuando nos levantamos, nuestros cuatro nuevos amigos se estaban bañando en el lago y mi prima tenía un caracho de este porte. Me llamó aparte y me dijo: “Weona, ¿creís que no caché? Anoche te tiraste al Guille al lado mío, fresca de raja. Nos vamos y no te atrevas a contradecirme”.

Quedé petrificada. Nunca imaginé que se fuera a dar cuenta. La amiga menos mal no se percató, pero ante la media chuchá que mi prima me pegó, no me quedó otra que acatar.

Nos despedimos de los chicos y mi galán me pidió que anotara su número para que nos contactáramos una vez que volviéramos a nuestra ciudad, por lo que lo grabé en seguida.

Seguimos la travesía hasta que llegamos a Puerto Montt. Permanecimos ahí un par de días y decidimos volver por mis trámites pendientes. La amiga de mi prima se fue con otros mochileros a Chiloé, por lo que nos volvimos las dos solas. En el penúltimo tramo que nos quedaba hicimos dedo a un camión tres cuartos que era cerrado atrás. Nos paró y cuando abrieron la puerta, nos encontramos como con 10 mochileros más, ¡qué alegría! Pero lo bueno no terminaba ahí, si no que entre esos mochileros estaban los cuatro de Puerto Varas, incluyendo a mi Guillermo, quien, a pesar de notarse feliz por nuestro encuentro, casi no me dirigió palabra en todo el viaje.

 

DE VERDAD

El camión nos dejó a todos en Temuco. Desde ahí planeábamos tomar bus con mi prima hacia Concepción y se dio la casualidad de que Guillermo y sus amigos harían lo mismo, pues Mariana, la polola de uno de ellos, tenía una entrevista laboral al día siguiente.

Lamentablemente, no teníamos la plata necesaria para tomar el bus, por lo que los chicos tocaron música en el rodoviario y yo pasé con la funda del charango pidiendo dinero, hasta que nos pararon los guardias. Por fortuna alcanzamos a hacer la plata que nos faltaba y ya teníamos para irnos. Buscando pasajes, no encontramos para los seis en el mismo bus, por lo que volvimos a Conce separados de a dos por bus. Obviamente me vine con mi pierno. Esta vez sí conversamos y  nos vinimos atinando todo el camino, lo que incluyó un rico sexo oral que le hice en el bus, tapadita con su casaca.

carpa Una vez en nuestra ciudad, nos separamos con la idea de juntarnos nuevamente.

En marzo empezamos a vernos seguido, pues sus padres estaban en México y él quedó a cargo de su casa. Yo cada mañana partía a las 7 AM como que me iba a la U, pero me iba a su casa, donde él me esperaba con la cama calentita.

Pasaron tres meses, hasta que llegaron mayo y el día de mi cumpleaños. Entremedio de muchos invitados, Guillermo me tomó de la mano y me llevó al auto de mi vieja, me subió y entre lágrimas de celos por tanto invitado encachado que me abrazaba, me pidió pololeo.

Fueron cuatro años fantásticos, con la persona que más he amado en la vida. Terminamos nuestras carreras y cuando llegó el tiempo de decidir nuestro futuro, yo quería emigrar de Conce y él no. Entre otras cosas, me puse bruja y él me fue infiel. Lo descubrí y todo se fue a la cresta. Aún me pregunto cómo hubiera sido si aún estuviésemos juntos.

Hoy sólo sé que hace tres años pololea con una chica 12 años menor que él, que fue compañera de mi hermana chica y que trabaja de vendedor en una conocida tienda penquista.

El año pasado lo vi en el mall y mis piernas flaquearon en un momento. No lo saludé. Sólo seguí mi rumbo…


Autor del Artículo:

Carito La Exploradora

Joven sureña, extrovertida y caliente. Wena pa' la talla y ágil de mente, sobre todo cuando se trata de doble sentido. Adicta al sexo y los placeres mundanos, se las da de vivaracha aunque a veces le meten goles de hoyito...


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  • Filoarto

    Buenisima! Tan Calentona que me salio.

  • Jhwatson2009

    WAAAAAAAA… sos tremenda carito

  • http://twitter.com/felixdiaz2011 Letras de la Piel

    Delicioso y exquisito relato. Felicitaciones como siempre. Es un placer leerte.

  • Ensaladascyg

    ya acabeeeeeeeeeee de leer entretenido pero mejor la anterior jejeje

  • Fran

    uuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu jajajaja se me pararon los pelos leyendo >.<