24.04.2012


Me invitó a la casa de su hermana y me dejé llevar por la calentura


Andrés y yo nos encontrábamos seguido en las discos de Santiago. El cabro era dije y buena tela, pero la verdad es que más allá de una amistad jamás se me cruzó por la cabeza. Sin embargo, como dice el dicho, “nunca digas nunca jamás”.

Una noche de curadera por el Naxos nos encontramos nuevamente, y como andaba medio flojo y sin ganas de cazar le propuse que hiciéramos la cochinada. Andrés me dijo que hacía rato me tenía ganas.

Al parecer, un ex amante me había recomendado (tan habladora que es la gente, digo yo) y desde entonces había estado pensando en cómo tirar las manos. Yo le dije que, en mi caso, hay que puro preguntar, porque en pedir no hay engaño.

En ese entonces yo vivía a pocas cuadras del Naxos, pero a mi chiquillo le dio con que nos fuéramos a la casa de su hermana porque la estaba cuidando mientras la familia andaba de vacaciones. Yo sabía que el viaje iba a terminar en tragedia, pero yendo en contra de mi buen juicio, y dejándome guiar por la calentura, me subí a la micro.

La casa quedaba a la cresta de la loma. Yo estaba curado y aún no me ubicaba mucho en Santiago, así que no tenía idea dónde andábamos. La micro se dio más vueltas que mariconcitos en la cama y con tanto balanceo yo ya me estaba mareando.

Finalmente llegamos al domicilio del cabro. La casa era bonita, no voy a mentir, pero la vista no merecía tanta humillación y viaje pobre.

Nos fuimos derecho a la pieza matrimonial. Andrés puso una porno gay, se empelotó y se tiro al dulce altiro. Hay diferentes estilos para el sexo: A algunos les gusta de una; a otros, tomarse su tiempo. Yo soy de los últimos, pero mi galán no. Él quería que le diera con urgencia y como no soy rogado (y además estaba por amanecer) le dije “güeno ya”.

La pelea cuerpo a cuerpo duro su buen rato. El cabro era seco pa’l que te dije y tenía un arsenal de movimientos pélvicos que te dejaban tiritón. Cuando terminamos yo estaba exhausto, así que me quede dormido raja.

A la mañana siguiente nos despertó un ruido en el primer piso y sólo nos tomó un segundo cachar qué ocurría. “¡Mi hermana!”, exclamó Andrés mientras me tiraba mis pilchas y recogía condones del suelo. Yo me vestí a la rápida y me preparé para una salida bochornosa.

En la cocina nos esperaba la dueña de la casa con los ojos inyectados en sangre. Yo lancé un tímido “buenos días” y traté de escabullirme, pero ella me ladró una orden: “Siéntate a tomar desayuno”. Yo, sin pensarla dos veces, me senté como un perrito faldero.

En situaciones como ésta uno no sabe qué hacer: O tragarse la comida de una y apretar, o ser más respetuoso y mamarse la vergüenza; yo, porque soy masoquista, me fui por la segunda.

Jamás en mi vida he tenido un desayuno más incomodo que ese. La hermana, de puro yegua, nos preguntaba cosas: “¿Qué hicieron anoche?”, “¿Cómo se conocen?”. Qué ganas de haberle dicho “apenas nos conocemos, fuimos a una disco maricona, nos calentamos y nos vinimos a ensartar en tu casa”, pero uno no puede salir con esas cosas.

Cuando por fin pude salir de la casa no tenía idea dónde estaba. Caminé un par de cuadras, encontré un paradero de micros y me subí a la primera micro que paró. Quería puro irme.


Autor del Artículo:

Gay & The City

Ricardo Henríquez es un tocopillano de cuna y alma. A los 23 años se graduó como periodista de la Universidad Católica del Norte y partió derecho a trabajar a La Cuarta. En 2001 emigró a Nueva York en busca de aventuras y nuevas oportunidades y hoy vive en New Haven, donde trabaja como asesor político. En 2011 se casó con su pareja de nueve años, Thomas, con quien adoptaron una linda perrita llamada Penny Lane.


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  • Craybest

    jajajajajajajajaja a veces hay que hacerle caso a la intuicion cola cuando te dice que no hay que ir para la casa del otro.

  • http://www.facebook.com/diegotazbr Diego Alonso

    jaJASJajA tuve algo parecido con mi ex andante, mi abuela casi casi nos pilla, atinamos a taparnos de una y dijimos que estabamos vistiendonos, fuimos a almorzar y mi abuela lo miraba y con cara de “mmmm ¬¬ , mmmm ¬¬, mmmm ¬¬ ” jjuajuajauj igual fue muy chistoso y vergonzoso a la vez claro.

  • pancha

    Ajajajajajajajaj que risa! Adoro leer tus historias. Saludos chiquillo!