16.02.2012


La travesía en busca de mi hija Penny Lane


Hoy voy a contar una historia tiernucha, porque la vida no es sólo meta y ponga, dale que dale, también hay que saber apreciar los momentos que son de amor puro y sincero.

Siempre he tenido una personalidad un poco obsesiva. Cuando se me pone algo entre ceja y ceja no hay quién me haga cambiar de parecer. Así fue como conseguí al segundo amor de mi vida: Mi perrita Penny Lane.

La saga de mi mascota comenzó a mediados de 2005. Yo quería un perro, pero con Tom estábamos viviendo en un departamento del porte de un cajón de manzanas. El lugar era tan chico, que “bautizarlo” tirando en cada habitación nos tomó un par de minutos y unos cuantos cambios de posición. Debido al tamaño de nuestro hogar, mi marido se rehusaba a tener un cachupín.

Yo intenté todas las tácticas usadas por las antiguas y sabias mujeres de la calle que conocí en mi vida: Le hice la moulinex, la maquinita de coser, el telar chino, las tijeras sin punta, todo mi repertorio, pero no había treta carnal que lo convenciera.

En 2007 por fin nos cambió la suerte. Agarramos nuestras pilchas, nos fuimos de la ciudad y nos compramos una casa en los suburbios.

Una tarde, aburrido y solo (Tom andaba en un viaje de negocios), me puse a buscar perritos en Internet, según yo para puro entretenerme y sin intenciones de hacer nada más. Ahí fue cuando vi su cara tiernucha y alegre y, sin pensarlo dos veces, me lancé en busca de la tienda de animales que vendía a la que pronto se transformaría en mi hija.

Debo aclarar que no soy muy bueno al volante. Pongámoslo de esta forma, mi definición de derecho y en línea es distinta a la de la mayoría de los conductores, además que tengo patita de plomo y para la mí los letreros de límite de velocidad son sólo sugerencias.

Y así, con Gloria Trevi como mi soundtrack de una road movie, un GPS y una ilusión, me lancé en la búsqueda de Penny Lane. El nombre lo había elegido hace año; mi hija se llamaba así y tenía que ir a rescatarla.

penny-1

Como en toda historia épica hubo una travesía, un dragón y una princesa. La travesía fue que por primera vez me tuve que meter a la carretera 84 y, para citar a mis amigos italianos, mamma mia!, era de locos. Entre saltos, corcoveos, pitazos y casi choques, llegue a esta tienda al final del universo a las 18:59 (cerraban a las 19 horas).

Cuando traté de entrar, una mujer con el pelo de una medusa y unas manos de tijera me meneó la cabeza indicando que yaera muy tarde. Yo había recorrido la mitad del Estado para llegar a su puerta, así que no me iba a ir con las manos vacías. Le puse cara de desesperación, parada de Miss Chile y le indiqué con el dedo que viniera y me escuchara un ratito.

Tener un acento extranjero tiene sus ventajas y desventajas, dependiendo de con quién hables. Algunas personas creen que eres tonto y otros lo encuentran sexy. Para mi suerte, el dragón lo encontró atractivo: “Yo nunca hago estas excepciones, pero por ti sweetie, cómo decir que no a ese acento tuyo”. Y yo sonreí como la Julia Roberts.

Penny y yo partimos en nuestra travesía de vuelta. Ella era una beba y lloró todo el camino a la casa y luego toda esa noche. Yo me senté a su lado, le canté canciones, le prometí que la querríamos más que a nada en el mundo y, cerca de las 6 de la mañana, creo que me terminó creyendo y se quedó dormida.

Yo soy, orgullosamente, uno de esos locos que trata a su perro como a un hijo y quería contar la historia de Penny porque si van a saber cuántos minos me he tirado, creo que es importante que sepan que también soy capaz de dar amor de otras formas. Ahora vayan y adopten un perrito, y trátenlo con amor y respeto. En Chile los animales aún no tienen los derechos que deberían tener.


Autor del Artículo:

Gay & The City

Ricardo Henríquez es un tocopillano de cuna y alma. A los 23 años se graduó como periodista de la Universidad Católica del Norte y partió derecho a trabajar a La Cuarta. En 2001 emigró a Nueva York en busca de aventuras y nuevas oportunidades y hoy vive en New Haven, donde trabaja como asesor político. En 2011 se casó con su pareja de nueve años, Thomas, con quien adoptaron una linda perrita llamada Penny Lane.


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  • http://www.facebook.com/Tomleiva Tomas Leiva

    Muy entretenida columna, a mi y a mi pololo también nos gustaría tener una mascota, pero aun estamos en la etapa donde vivimos en un depto muy chico, y estamos fuera todo el día, así que lo veo medio complicado por ahora :(
    ah, y no hagas caso a opiniones idiotas como la de Virginia, alguna gente no es feliz si no se puede tirar mierda con ventilador.
    Saludos!

  • Jordana

    Amo gay & the city es una de las mejores cosas de cuatroletras.com y como dijo Tomas no haga caso a lo que le digan , es solo gente ignorante.
    su perrita se llama penny lane como la canción de the beatles ?

  • Germania

    Oh, yo también soy amante de los animales. Pero ¿no hubiera sido mejor adoptar una de un refugio en vez de comprar? Tengo entendido que en EE.UU. tienen refugio hasta por raza (pitbulls, dobermans, huskies, chihuahuas, gran daneses, English Mastiff, etc.). No me hubiera sorprendido que tuvieran schnauzers para adopción. Igual, muy linda Penny Lane…Por ahí hay una frase de Anatole France que dice:
    “Hasta que uno no ha amado a un animal, una parte del alma permanece dormida.” =)

  • http://twitter.com/c0llapsexual_x ????·???·??

    Lo más bello es que se llama como la canción de los beatles ? me encantó esta columna, me acuerda de mi perrita y todo lo que tuve hacer para poder obtenerla.