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	<title>Cuatro Letras &#187; Gay &amp; The City</title>
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		<title>La idea de pegarme un revolcón en una oficina me subía la temperatura</title>
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		<pubDate>Fri, 21 Dec 2012 15:20:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gay &#38; The City</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Nueva York]]></category>
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		<description><![CDATA[Xes, en la Calle 24, es mi lugar preferido para el happy hour. A eso de las 6 de la tarde se llena de minos con terno buscando tomarse un copetito… y a mí los caballeros de traje formal siempre me han gustado. La idea de pegarse un polvo en la oficina, sin sacarse la corbata y con los pantalones a media hasta, como que me sube la temperatura. Seguramente era por eso que me iba a meter a Xes cada vez que la oportunidad se daba, para ver si saltaba la liebre con un oficinista hot. Un día estaba sentado en la barra tratando de verme lindo, cuando un ejecutivo se me acercó sonriendo. Me ofreció un trago y como yo nunca le digo que no al copete, se lo acepté. Mi prete trabajaba en una empresa contadora. Me contó a qué se dedicaba y yo movía la cabeza [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Xes, en la Calle 24, es mi lugar preferido para el happy hour. A eso de las 6 de la tarde se llena de minos con terno buscando tomarse un copetito… y a mí los caballeros de traje formal siempre me han gustado.</p>
<p>La idea de pegarse un polvo en la oficina, sin sacarse la corbata y con los pantalones a media hasta, como que me sube la temperatura. Seguramente era por eso que me iba a meter a Xes cada vez que la oportunidad se daba, para ver si saltaba la liebre con un oficinista hot.</p>
<p>Un día estaba sentado en la barra tratando de verme lindo, cuando un ejecutivo se me acercó sonriendo. Me ofreció un trago y como yo nunca le digo que no al copete, se lo acepté.</p>
<p>Mi prete trabajaba en una empresa contadora. Me contó a qué se dedicaba y yo movía la cabeza haciendo como que lo escuchaba. La pega sonaba más aburrida que porno de caracoles, pero el cabro tenía una sonrisa coquetona que me embolinaba la perdiz.</p>
<p>Yo no me hago ni el difícil ni el decente, así que apenas se me terminó el trago le pregunté si quería ir a un lugar más íntimo (traducción: vamos a pegarnos un revolcón rapidito). Y como el universo siempre me envía regalos, él me contesto: “Mi oficina queda a un par de cuadras y a esta hora esta vacía”.</p>
<p>Su templo del trabajo quedaba en el piso 10 de una oficina en la Cuarta Avenida. No era pa’ na’ un par de cuadras, pero como todos sabemos la calentura es más fuerte y somos muchos los que cruzaríamos desiertos por un buen chasconeo.</p>
<p>Entramos a la oficina piola, chequeamos que no hubiese nadie y nos lanzamos al dulce de una. El cabro estaba angustiado y yo era la pasta base que necesitaba.</p>
<p>Debo reconocer que la idea de darse un chapuzón en el mar del deseo en una oficina era más sexy en mi cabeza que en la realidad. Primero nos tiramos al piso, pero el roce de la alfombra me estaba pelando el poto y a los cinco minutos ya no quería más. Pasamos de silla en silla y un ratito en un par de escritorios, hasta que encontramos un sillón chico pero más cómodo.</p>
<p>El encontrón iba viento en popa. Yo tenía en mente la segunda base (su manoseo y chupicidio), pero mi ejecutivo quería irse <em>all the way</em>, y como yo soy más fácil que derretir mantequilla le dije güeno ya.</p>
<p>Estábamos en pleno dele que suene, cuando la señora del aseo abrió la puerta y no fue hasta que escuchamos su gritito que cachamos que estaba ahí. A mí me han pillado in fraganti varias veces, pero que te pille una viejita mexicana con una aspiradora en la mano es otro cuento.</p>
<p>Mi chiquillo se subió los pantalones y comenzó a recitar excusas como si su vida dependiera de eso. Yo me di cuenta altirante que la señora no hablaba una gota de inglés y no tenía idea qué estaba pasando.</p>
<p>Hay momentos en la vida en los que uno tiene que decidir entre hacer lo correcto o mandarse a cambiar y dejar a otro con el cacho. Yo estuve tentado a hacer lo segundo, pero mi alma de beata me lo impidió. Con mi cara de niño bueno le dije a la viejita que hiciera como que no había visto nada, y que si nos daba un par de minutos para componernos le daríamos una propina. No hay nada como una buena coima para mover montañas (pregúntenle a cualquier político).</p>
<p>Por supuesto, hice que el mino le diera la propina, porque yo ya había hecho bastante arreglando el drama  en que nos habíamos metido.</p>
<p>A la salida del edificio nos matamos de la risa. El cabro me preguntó si quería otro trago para pasar la plancha y yo por supuesto dije que sí. Nos devolvimos a Xes y prometimos que repetiríamos la historia. Lo vi en el bar varias veces más, pero nunca nos volvimos a dar el gusto.</p>
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		<title>Lo único que quería era rematar la noche con un ¡Viva Chile!</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Oct 2012 00:47:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gay &#38; The City</dc:creator>
				<category><![CDATA[Amor]]></category>
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		<description><![CDATA[Álex llegó al depto con una sorpresa. “Mira a quién me encontré, niña”, dijo con tono de emoción. Era Lor, con la misma cara de cabro malo de hace años. Intercambiamos sonrisas y los chitecos me comenzaron tiritar con réplicas del terremoto que había ocurrido en un pasado lejano. Como siempre, compramos su copetito y nos sentamos alrededor de la mesa de vidrio a contar historias y a reírnos de tonteras. Lor y yo nos dábamos miradas intensas y el resto de la casa parecía no darse cuenta. Yo me reía como las tontas y trataba de coquetear así como jugando, para que no se notara mucho. Este reencuentro habría sido súper simple si no fuese por un detalle más o menos grande: En ese entonces, Rizo y yo estábamos emparejados. Lor tenía un efecto en mí que es difícil de describir: Cuando lo veía el mundo corría en cámara [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Álex llegó al depto con una sorpresa. “Mira a quién me encontré, niña”, dijo con tono de emoción. Era Lor, con la misma cara de cabro malo de hace años. Intercambiamos sonrisas y los chitecos me comenzaron tiritar con réplicas del terremoto que había ocurrido en un pasado lejano.</p>
<p>Como siempre, compramos su copetito y nos sentamos alrededor de la mesa de vidrio a contar historias y a reírnos de tonteras. Lor y yo nos dábamos miradas intensas y el resto de la casa parecía no darse cuenta. Yo me reía como las tontas y trataba de coquetear así como jugando, para que no se notara mucho.</p>
<p>Este reencuentro habría sido súper simple si no fuese por un detalle más o menos grande: En ese entonces, Rizo y yo estábamos emparejados.</p>
<p>Lor tenía un efecto en mí que es difícil de describir: Cuando lo veía el mundo corría en cámara lenta y mis estándares morales se iban a las pailas. Lo único que podía pensar era en servírmelo como torta de mil hojas y así satisfacer el antojo que su presencia me producía.</p>
<p>Estábamos pasándolo chancho cuando mis amigos propusieron que nos fuéramos a la Blondie. Nos tomamos su tiempo para enchularnos, un trago para el camino y partimos como caravana de colas con destino declarado.</p>
<p>Lor se quedó atrás a propósito y antes de que saliéramos me plantó un beso bien chupeteado. Nos quedamos en la entrada atracando con la urgencia de un hambriento y estábamos tan metidos que ni nos dimos cuenta que Maxi se había devuelto a ver qué nos demoraba tanto. Mi amigo me pegó una mirada de desaprobación, se dio vuelta y se fue; nosotros lo seguimos.</p>
<p>En la Blondie buscamos cada rincón oscuro para tirarnos al dulce. Parecíamos angustiados y toquetearnos era la droga del día. A mí ya ni me importaba que mis amigos se dieran cuenta; lo único que quería era irme a la casa y rematar la noche con un ¡Viva Chile!</p>
<p>Cuando anuncié que nos íbamos, Maxi tuvo una sola frase para decirme: “La estái cagando”. A mí me entró por un oído y me salió por el otro.</p>
<p>Cuando algo se me mete en la cabeza, soy dura como gallina de yeso. No hay quién me haga cambiar de opinión y como un tren a punto de descarrilarse no hay frenos que me detengan. Esto pasa más seguido cuando dejo que la cabeza de abajo tome las riendas en vez de la que está sobre mis hombros.</p>
<p>Una vez en mi pieza, nos lanzamos a la batalla cuerpo a cuerpo sin remordimientos. Nos comimos largo y tendido.</p>
<p>A la mañana siguiente, la intoxicación de amor se me había espantado y me vino todo el remordimiento. Rizo y yo habíamos vuelto hacía poco, luego de otro de nuestros regulares dramas. Lor despertó feliz y con una sonrisa de oreja a oreja me dijo: “Ahora nos vamos a mi casa”. Yo, que tengo la fuerza de voluntad de un borracho en sábado por la noche, conteste “clarín, mi guacho”.</p>
<p>En mis años mozos siempre fui medio suelto de cuerpo, pero no considero esta aventura parte de mis tendencias puteriles porque Lor no era un encame fortuito, nuestros arranques eran parte de una historia que tenía que ocurrir. Cuando él se aparecía la guata se me llenaba de mariposas y el cerebro se me nublaba. Y si agregamos su gusto por el romanticismo, era imposible resistirse.</p>
<p>Una vez en su casa, mi príncipe azul armó un fuego y me dijo: “Lo vamos a hacer como en las películas, en la alfombra frente a la chimenea”. Yo le pregunté si los compañeros con que vivía no se aparecerían de sorpresa. “Si nos pillan, será aún más emocionante”, me dijo y se me lanzó encima como león sobre su presa.</p>
<p>Esa noche llamé a Rizo y le dije que teníamos que terminar. Él no se sorprendió, tal vez alguien le había contado de mi indiscreción o simplemente no quería darme el gusto de verlo herido. Lor y yo seguimos nuestro romance hasta el día que agarré mis petacas y me vine a la Gran Manzana.</p>
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		<title>El mino era rico como el pan amasado y un amor violento me fulminó</title>
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		<pubDate>Thu, 13 Sep 2012 09:09:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gay &#38; The City</dc:creator>
				<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Amor violento]]></category>
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		<description><![CDATA[En la vida no todo es risas y aventuras eróticas. Hoy quiero contar una historia de amor, de un amor violento y efímero que el destino quiso que se me repitiera dos veces. Llegué a su cumpleaños sin invitación. Un amigo me dijo que había un carrete que iba a estar de lujo, así que nos emperifollamos y partimos rumbo a la celebración. En ese entonces arreglarnos para una fiesta era un ritual, ni las candidatas a Miss Universo le ponen tanto color como nosotros lo hacíamos en ese entonces. Era temprano cuando llegamos y una mezcla de pendejos héteros y colitas se mezclaban entre baile y copete. Yo pregunté quién era el cumpleañero y me dijeron que se llamaba Lor. El nombre, que obviamente era un apodo, me quedó dando vueltas en la cabeza como un carrusel de caballitos. Mi amigo Chela y yo lo vimos al mismo tiempo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En la vida no todo es risas y aventuras eróticas. Hoy quiero contar una historia de amor, de un amor violento y efímero que el destino quiso que se me repitiera dos veces.</p>
<p>Llegué a su cumpleaños sin invitación. Un amigo me dijo que había un carrete que iba a estar de lujo, así que nos emperifollamos y partimos rumbo a la celebración. En ese entonces arreglarnos para una fiesta era un ritual, ni las candidatas a Miss Universo le ponen tanto color como nosotros lo hacíamos en ese entonces.</p>
<p>Era temprano cuando llegamos y una mezcla de pendejos héteros y colitas se mezclaban entre baile y copete. Yo pregunté quién era el cumpleañero y me dijeron que se llamaba Lor. El nombre, que obviamente era un apodo, me quedó dando vueltas en la cabeza como un carrusel de caballitos.</p>
<p>Mi amigo Chela y yo lo vimos al mismo tiempo y al unísono soltamos un suspiro; el mino era rico como el pan amasado en la mañana y tenía una sonrisa que daba escalofríos. Se nos acercó con cara de cabro malo y se presentó. “Me llamo Lor y este es mi cumple”, nos dijo. Nosotros tartamudeamos el nombre del coliguacho que nos había invitado.</p>
<p>Los pensamientos cochinos se nos metieron de una en la cabeza y mi amigo y yo nos conocíamos lo suficiente para saberlo sin tener que decirlo. Chela me hizo prometer que no me tiraría al dulce; él se lo quería servir y, desde su punto de vista, yo era la única competencia que tenía.</p>
<p>Hice la promesa con los dedos cruzados en la espalda. Aunque quería a mi amigo con todo mi corazón, había algo en este cabro que me hacía temblar los churrines.</p>
<p>El copete comenzó a fluir, se hizo su vaquita sagrada y el pisco comenzó a correr como agua de río. Siempre he tenido una debilidad por el néctar de los dioses y una vez que entra a mi cuerpo de deidad pagana y mundana se me sueltan los frenos (y las trenzas) y no la pienso dos veces antes de meter la pata a fondo.</p>
<p>Lor y yo comenzamos a darnos miradas cochinonas. Él me sonreía a la distancia y yo me achunchaba como Miss 17. Una canción lenteja comenzó a sonar y desde la otra punta de la casa Lor caminó en mi dirección. Con una mueca picarona en la cara me preguntó si quería bailar; mire a la Chela, le vi la cara de furia y sin pensarlo dos veces dije que sí.</p>
<p>Yo creo un montón en el destino, y hay veces en que hay que seguir los instintos aunque caiga de maduro que va a quedar la cagada y media. La canción se me olvidó porque no era importante, pero lo que recuerdo es que nuestras caras se tocaban, que él me preguntaba sobre mi vida al oído y que me abrazaba más fuerte cada vez que contestaba.</p>
<p>Cuando el tema terminó me dijo que nos fuéramos a su pieza. Yo pensé que sin mayores preámbulos se me venía una lucha cuerpo a cuerpo, pero él tenía otra idea en mente. En la pieza nos esperaba un grupo de sus amigos y una guitarra. Lor pidió que tocaran “Amor Violento” de Los Tres y sin despegarme la mirada me la cantó de principio a fin.</p>
<p>A esta altura seguro están pensando que estoy inventado la historia, pero la dura es que algunas veces en la vida estas cosas pasan, historias de amor con comienzos apoteósicos como este. Entre tanto romance trágico, el universo alguna vez tenía que mandarme uno de película.</p>
<p>Luego de la canción nos tiramos al dulce, nos comimos por horas y horas y nos quedamos dormidos abrazados y exhaustos.</p>
<p>Esa fue la única noche que pasamos juntos. La vida nos tenía preparadas otras sorpresas y, aunque yo quería que la aventura siguiera, ninguno estaba preparado entonces para una relación.</p>
<p>Diez años más tarde me lo encontré por casualidad en las calles de Santiago y el amor violento volvió a tomar vuelo, pero esa es una historia que contaré otro día.</p>
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		<title>Casi me fui a pique como en el Titanic junto a mi DiCaprio</title>
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		<pubDate>Mon, 03 Sep 2012 15:39:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gay &#38; The City</dc:creator>
				<category><![CDATA[ballenas]]></category>
		<category><![CDATA[Gay & the City]]></category>
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		<description><![CDATA[Como he contado antes, cuando se trata de vacaciones soy más quemado que la cresta. Sin embargo, entre penuria y penuria mi media naranja y yo hemos aprendido a pasarlo bien. Este año nos fuimos de vacaciones a Islandia, ya que mi señor esposo soñaba desde su infancia con viajar a esas tierras lejana. Antes de que La Björk fuera famosa, él ya le tenía echado el ojo al país “de Fuego y Hielo”, como lo llaman los islandeses. Yo, por mi parte, no sabía mucho acerca del terruño este, pero como mina fea no me regodeo: Si a Islandia me querían llevar, a Islandia eran los pasajes. El país es hermoso. Desde el primer día quedó más que claro que estas vacaciones serían distintas a cualquiera otra. Reykjavic (la capital) es una ciudad pequeña, pero llena de rincones para explorar. En las zonas más rurales, la naturaleza es increíblemente [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Como he contado antes, cuando se trata de vacaciones soy más quemado que la cresta. Sin embargo, entre penuria y penuria mi media naranja y yo hemos aprendido a pasarlo bien.</p>
<p>Este año nos fuimos de vacaciones a Islandia, ya que mi señor esposo soñaba desde su infancia con viajar a esas tierras lejana. Antes de que La Björk fuera famosa, él ya le tenía echado el ojo al país “de Fuego y Hielo”, como lo llaman los islandeses.</p>
<p>Yo, por mi parte, no sabía mucho acerca del terruño este, pero como mina fea no me regodeo: Si a Islandia me querían llevar, a Islandia eran los pasajes.</p>
<p>El país es hermoso. Desde el primer día quedó más que claro que estas vacaciones serían distintas a cualquiera otra. Reykjavic (la capital) es una ciudad pequeña, pero llena de rincones para explorar. En las zonas más rurales, la naturaleza es increíblemente hermosa y lo deja a uno con la cajonera abierta.</p>
<p>Una de las grandes atracciones turísticas es la observación de ballenas. Todos los días decenas de barcos llenos de turistas se lanzan a altamar en busca de estos colosales mamíferos. Y en uno de esos barcos nos encontramos nosotros una fría mañana de agosto.</p>
<p>Rodeados de turistas ingleses, alemanes y españoles, partimos en nuestro periplo marino. El primer mal augurio ocurrió a la media hora de viaje. Estaba presupuestado parar en Puffin Island para observar a unos lindos pajaritos, pero cuando llegamos no encontramos ni uno. La guía turística dijo que a veces cuando hacia frío los plumíferos se escondían.</p>
<p>En la siguiente hora seguimos navegando en busca de las ballenas. Mientras más avanzábamos, más frío se ponía y más se tambaleaba el bote. A las dos horas los turistas ya estábamos choreados y, aunque la guía insistía en que las ballenas estaban a la vuelta de la esquina, ya cachábamos que ni la cola de un cachalote íbamos a ver.</p>
<p>No sé si todo el mundo lo nota, pero cuando las cosas están a punto de ponerse color de hormiga el aire como que se pone denso, el tiempo se hace más lento y la guata se aprieta. No hay que ser síquico para saber cuando el destino está a punto de dar un guaracazo.</p>
<p>Estaba yo ahí sentado cuando nos agarró el primer tumbo. El barco casi se va de lado y la primera vieja pasó volando delante mío. Antes de que pudiéramos recuperarnos del susto ya íbamos de vuelta para el otro lado y otro culo al suelo, acompañado de varios <em>oh my God!</em> y otras expresiones internacionales que, yo cache, eran de julepe.</p>
<p>Me agarré de la baranda como lapa, le di una mirada asustada a Tom y pensé para mis adentros: “Diosito si me salvái de ésta te juro que no tomo por un mes”. El pulento de seguro no me creyó el chamullo porque el barco siguió tambaleándose como coliguacho a la salida de la Bunker.</p>
<p>El recuerdo lo tengo medio borroso por la mezcla de miedo y lo rápido que pasaron las cosas. Yo ya ni miraba, porque juraba que la gente se estaba cayendo por la borda. El viaje había pasado de aburrido a funesto en un pestañazo.</p>
<p>En esos momentos me sentí como la Rose del Titanic, con mi DiCaprio sentado a mi lado, y me dije: Vamos a sobrevivir a este naufragio aunque tengamos que flotar en una calamina por horas hasta que vengan a rescatarnos.</p>
<p>En eso estaba, cantando la canción de la Celine, cuando escuché el primer vómito. Los revolcones habían mareado a los pasajeros y como en un coro del infierno el primero fue seguido por un segundo y éste por otros diez. En solo minutos la mayoría de los pasajeros estaban verdes y con la cabeza perdida en una bolsa plástica.</p>
<p>No me acuerdo cómo fue que llegamos a puerto, todos mojados. Solo sé que de repente el barco se detuvo, el muelle estaba a nuestro alcance y no podía esperar a pisar tierra firme. A la bajada del barco, la guía turística nos dio un par de folletos. “Ya que no vimos ballenas, esto les da derecho a regresar cualquier día sin costo alguno”, nos dijo. Yo la hubiese agarrado a charchazos ahí mismo, pero me contuve.</p>
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		<title>Pasé la media plancha con mis calzoncillos de abuelo matapasiones</title>
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		<pubDate>Sun, 05 Aug 2012 21:07:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gay &#38; The City</dc:creator>
				<category><![CDATA[canzoncillos]]></category>
		<category><![CDATA[gay]]></category>
		<category><![CDATA[matapasiones]]></category>
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		<description><![CDATA[Conocí a Joe en un mall. Yo andaba vitrineando sin un peso en los bolsillos, cuando este hombrecito me preguntó qué me parecía la camisa que se estaba probando. Mis  antenitas de vinil detectaron la posibilidad de una aventura y sin pensarlo dos veces comencé  a hacerme el lindorfo. Resultó que Joe vivía súper cerca de mi casa y ofreció llevarme. Yo, teniendo claro para dónde iba la micro, le dije que nos fuéramos a tomar un trago antes de irnos calabaza. Hay oportunidades en que los preámbulos son una pérdida de tiempo, especialmente cuando uno sabe lo que quiere hacer. O sea, si yo hubiese pensado que el chiquillo tenía potencial para marido es seguro que me hubiera hecho el decente  y sólo habría intercambiado número de teléfono,  pero hay veces en las que un buen polvo es lo más saludable e indicado para la situación. Un trago se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Conocí a Joe en un mall. Yo andaba vitrineando sin un peso en los bolsillos, cuando este hombrecito me preguntó qué me parecía la camisa que se estaba probando. Mis  antenitas de vinil detectaron la posibilidad de una aventura y sin pensarlo dos veces comencé  a hacerme el lindorfo.</p>
<p>Resultó que Joe vivía súper cerca de mi casa y ofreció llevarme. Yo, teniendo claro para dónde iba la micro, le dije que nos fuéramos a tomar un trago antes de irnos calabaza.</p>
<p>Hay oportunidades en que los preámbulos son una pérdida de tiempo, especialmente cuando uno sabe lo que quiere hacer. O sea, si yo hubiese pensado que el chiquillo tenía potencial para marido es seguro que me hubiera hecho el decente  y sólo habría intercambiado número de teléfono,  pero hay veces en las que un buen polvo es lo más saludable e indicado para la situación.</p>
<p>Un trago se transformó en dos y en tres, y un par de horas más tarde los dos sabíamos cómo iba a terminar la noche. Estaba saboreándome de puro pensar en el postre cuando se me vino a la memoria la tragedia: Ese día había lavado todas mis pilchas y los únicos calzoncillos que me quedaron fueron unos tan grandes que hasta a mi abuelo le habría dado vergüenza ponérselos.</p>
<p>No es que hubiese comprado churrines de vieja, era que mi compañero de departamento, que tenía más de 60 años, un día cualquiera que andaba de compras no encontró nada más simpático que aprovechar la oferta del dos por uno; por supuesto, su gusto no era de lo más <em>fashion</em>, pero cuando me dio el regalo no me quedó otra que sonreír y decir gracias.</p>
<p>Los atroces chitecos habían estado en el fondo de una cómoda por meses, pero el destino es muy juguetón y, como soy más flojo que el perro de la Heidi, eran los únicos que me quedaban esa mañana de lavandería.</p>
<p>Complicado con la idea de pasar una plancha, no sabía a cuál de mis dos cabezas escuchar: O a la de mis pantalones, que me decía que me lanzara al ring de cuatro perillas, o a la que descansa en mis hombros, que me aconsejaba irme para la casa. Como deben imaginar, el deseo de hacer la cochiná fue más fuerte.</p>
<p>Mi plan era sencillo: Empelotarme lo más rápido posible, poner los calzoncillos en un lulo y tirarme al dulce con la luz apagada, para que cuando me vistiera los vergonzosos calzones pasaran piola.</p>
<p>Llegamos a su casa e iniciamos el atraque heavy, como en las películas. Nos sobajeamos como malos de la cabeza y rapidito ya estábamos listos para el gran remate erótico. Fuimos a la pieza y comenzamos a sacarnos la ropa. Yo empecé por la polera y cuando llegó la hora de bajarme los pantalones, haciéndome el sexy, apagué la luz. Pero a mi Romeo le gustaba con la ampolleta prendida y para más recacha me pidió que no me empiluchara completo. “Me calienta la ropa interior”, me dijo.</p>
<p>A esas altura no me quedaba más que aceptar mi destino. El hombre esperaba unos bóxer sexy y apretados, pero se iba a encontrar con una prenda interior de la tercera edad. Me senté en la cama, me saqué los pantalones y me acosté rojo como tomate. Joe me miró, se cagó de la risa y me dijo entre carcajadas: “Día de lavado de ropa, eh”. Nos reímos juntos, me saqué los matapasiones y comenzamos la función. La noche fue de película y la vergüenza se me pasó rapidito entre gemidos y saltos ornamentales.</p>
<p>Joe y yo nos vimos un par de veces más, y ahí sí me aseguré de andar trayendo  los mejores slips de mi colección.</p>
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		<title>Pasamos de la lujuria al odio por salir a comprar una maldita cocina</title>
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		<pubDate>Sun, 15 Jul 2012 02:49:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gay &#38; The City</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La Topacio (¡qué antigua!) es una chala vieja comparada conmigo cuando se trata de dramas románticos. Desde chico tuve tendencias histriónicas y con la edad lo melodramático sólo se fue haciendo más intenso. Con los amoríos siempre seré una pera madura&#8230; jugosa. Como he contado antes, una de las relaciones más explosivas que tuve fue con el Rizo. Nos conocimos en una disco santiaguina y desde el instante en que hicimos cambio de luces quedó claro que éramos pura amongelatina. Si en esa época Hinzpeter hubiera sido ministro del Interior, de seguro que habríamos caído presos en el Caso Bombas. Tras el primer round en el box spring se sucedieron los siguientes asaltos uno tras otro hasta que en menos de un mes prácticamente vivíamos juntos. El ímpetu era tanto, que no podíamos pasar mucho tiempo juntos sin tirarnos al dulce. Baños públicos, clósets, cocinas, autos, tablas de planchar y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La Topacio (¡qué antigua!) es una chala vieja comparada conmigo cuando se trata de dramas románticos. Desde chico tuve tendencias histriónicas y con la edad lo melodramático sólo se fue haciendo más intenso. Con los amoríos siempre seré una pera madura&#8230; jugosa.</p>
<p>Como he contado antes, una de las relaciones más explosivas que tuve fue con el Rizo. Nos conocimos en una disco santiaguina y desde el instante en que hicimos cambio de luces quedó claro que éramos pura amongelatina. Si en esa época Hinzpeter hubiera sido ministro del Interior, de seguro que habríamos caído presos en el Caso Bombas.</p>
<p>Tras el primer round en el box spring se sucedieron los siguientes asaltos uno tras otro hasta que en menos de un mes prácticamente vivíamos juntos. El ímpetu era tanto, que no podíamos pasar mucho tiempo juntos sin tirarnos al dulce.</p>
<p>Baños públicos, clósets, cocinas, autos, tablas de planchar y mesitas de centro fueron escenografía de nuestro tórrido romance; no teníamos ni una pizca de vergüenza o miedo de que nos pillaran. Alentados por calentura y la pasión, pasábamos como anticuchos frente al mundo sin que nadie se diera cuenta.</p>
<p>Pero de la mano de la lujuria venía también la cuática. Las peleas eran titánicas y casi tan seguidas como los restregones con mordida de orejas.</p>
<p>Una helada tarde de invierno, Rizo y yo tuvimos la genial idea de comprar una cocina nueva. Atontados por el amor y una ardiente sesión de cacheteo que habíamos tenido, nos inspiramos y decidimos que era hora de votar el viejo y oxidado aparato para instalar un nuevito de paquete.</p>
<p>Así fue que partimos como la Dorothy y el Hombre de Lata del Mago de Oz, dando brinquitos y siguiendo el camino amarillo en una aventura como ninguna otra. Vitrineamos en todos los locales del centro y dejamos las tapillas en la calle, hasta que apareció la cocina perfecta.</p>
<p>Lamentablemente uno no puede hacer como Mi Bella Genio y mandar la cocina a la casa de un pestañazo, y fue así como el transporte del artículo de línea blanca se transformó de aventura en pesadilla.</p>
<p>El conductor de la multitienda nos dejo la cocina en la puerta del edificio. Según nos dijo, a él no le pagaban por subirla y nica nos ayudaba, a menos que le tiráramos diez lucas. En ese entonces esa cantidad era harta plata, así que optamos por hacerlo solitos.</p>
<p>Y ahí quedamos, tirados, como abandonados a la vida. Dos coliguachos espantados con una cocina que pesaba una tonelada y con dos pisos de escaleras por subir.</p>
<p>De &#8220;levántela un poquito más, mi amor&#8221; pasamos a &#8220;puta mueve la wea&#8221; en menos un pestañazo. Los escalones eran interminables y mientras más movíamos la enorme caja, más claro era que yo no había nacido para los trabajos pesados.</p>
<p>Mis aires de princesa rusa no corrían en esta historia. Rizo estaba indignado y convencido de que por mi culpa íbamos a tener que cocinar en las escaleras. El diálogo que rebalsó la copa  fue más o menos así:</p>
<p>- ¿Estái tratando siquiera?</p>
<p>- Claro que trato, pero no me la puedo.</p>
<p>- A lo mejor si te sacas la corona y pones un poco de fuerza se te hace más fácil</p>
<p>- A lo mejor si te vai un ratito a la mierda se hace más fácil.</p>
<p>Con esa última frase célebre el hombre agarró su dignidad y se mandó a cambiar. Mientras marchaba camino a la puerta, yo le gritaba y lo amenazaba: &#8220;Si te vas ahora, que ni se te ocurra aparecerte de nuevo, hijo de tu santísima madre&#8221;. Pero él continuó su cabalgata hacia el horizonte sin mirar atrás.</p>
<p>Yo me quedé botado como una cacharra vieja en el camino, solitario con mi cocina nueva, con los dedos medio reventados y la mierda hirviendo. Estuve sentado en las escaleras casi media hora, hasta que unos vecinos compasivos salieron a ayudarme.</p>
<p>Rizo apareció al día siguiente con una mata de disculpas. Yo traté de hacerme el indignado, pero este cuerpo es tan débil cuando se trata de los pecados de la carne, que hasta ahí llegó mi enojo&#8230;</p>
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		<title>Parada del Orgullo Gay de Nueva York estuvo a todo cachete</title>
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		<pubDate>Tue, 26 Jun 2012 08:22:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gay &#38; The City</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Marcha Orgullo Gay]]></category>
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		<category><![CDATA[Nueva York]]></category>

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		<description><![CDATA[La Parada del Orgullo Gay en Nueva York es siempre una fiesta inolvidable. Este año la celebración fue lo que se dice a todo chacho, ya que se enmarcó en el primer aniversario de la legalización del matrimonio homosexual. Miles de personas se tomaron las calles de la Gran Manzana y cientos de parejas de recién casados se lanzaron a celebrar y desfilar, mucho de ellos tras el gobernador Andrew Cuomo, quien se mandó la tremenda caminata de la mano de su polola, Sandra Lee, para demostrar que aún sigue presente en la lucha por los derechos de las minorías sexuales. Este año la Grand Marshall del desfile fue la cantante Cindy Lauper, quien ha dedicado gran parte de su vida a dar la pelea por los derechos homosexuales. Yo, por mi parte, anduve saltando de esquina a esquina tratando de encontrar la mejor visual del desfile. Hay tanta gente [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La Parada del Orgullo Gay en Nueva York es siempre una fiesta inolvidable. Este año la celebración fue lo que se dice a todo chacho, ya que se enmarcó en el primer aniversario de la legalización del matrimonio homosexual.</p>
<p>Miles de personas se tomaron las calles de la Gran Manzana y cientos de parejas de recién casados se lanzaron a celebrar y desfilar, mucho de ellos tras el gobernador Andrew Cuomo, quien se mandó la tremenda caminata de la mano de su polola, Sandra Lee, para demostrar que aún sigue presente en la lucha por los derechos de las minorías sexuales.</p>
<p>Este año la <em>Grand Marshall</em> del desfile fue la cantante Cindy Lauper, quien ha dedicado gran parte de su vida a dar la pelea por los derechos homosexuales.</p>
<p>Yo, por mi parte, anduve saltando de esquina a esquina tratando de encontrar la mejor visual del desfile. Hay tanta gente siempre, y todo el mundo anda en un espíritu tan jolgorioso, que es difícil quedarse quieto.</p>
<p>La gente que no entiende lo que es la celebración del Orgullo Gay piensa que no es más que una excusa para carros alegóricos cargados de minos semi-empelotas y chipe libre para quien quiera darse una oportunidad en el arte del transformismo, pero la dura es que este desfile es mucho más que eso.</p>
<p><em>Pride</em>, como lo llamamos por aquí, es una oportunidad para hacer visible a nuestra comunidad, para conocernos unos a otros y sentir más fuerte que nunca ese lazo que nos une.</p>
<p>A pesar de los inmensos logros que hemos alcanzado en los últimos años,  aún somos una minoría discriminada, y estos eventos son una gran oportunidad para sentirse acompañado, para saber que somos miles los que luchamos por igualdad.</p>
<p>Por supuesta no voy a pintarla toda seria. El desfile es una fiesta y como tal, yo y mis amigos lo pasamos a todo cachete.</p>
<p>Las calles de Nueva York se llenaron de coliguachos y lesbianas tomados de las manos, sonriéndose unos a otros y listos para seguir la fiesta. Nosotros nos fuimos a Boxers, un bar gay de tema deportivo que por estos días es el lugar “in” en Nueva York. No miento, había una cola (valga la redundancia) de una cuadra para entrar al lugar.</p>
<p>Una vez dentro, la fiesta estaba que ardía: Música a todo dar, copete iba y venía y mientras más caluroso, más poleras y camisas caían al suelo.</p>
<p>Entre las tres de la tarde y las doce de la noche visitamos cinco bares distintos, todos a full, todos entretes, todos llenos de gente feliz y amigable que quería puro abrazarte, darte un beso y desearte un <em>Happy Pride</em>!</p>

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<p>&nbsp;</p>
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		<title>Una excitante noche de sexo anónimo que sigue viva en mi memoria</title>
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		<pubDate>Sun, 24 Jun 2012 03:07:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gay &#38; The City</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Gay & the City]]></category>
		<category><![CDATA[Iguales Chile]]></category>
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		<category><![CDATA[Orgullo Gay]]></category>
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		<description><![CDATA[Tal vez soy parte de una minoría (o terriblemente puto), pero siempre he pensado que hay algo excitante en el sexo anónimo. La idea de tener un encuentro íntimo con un total desconocido, sin lazo alguno, se me hace atractivo y seductor. En mis &#8220;años sueltos&#8221; tuve muchos encontrones anónimos, pero hay uno que sigue vivo en mi memoria por dos razones: Fue tan bueno que me dejó tiritón durante días y, lo más importante, fue con un personaje icónico de la fauna gay santiaguina. Mis amigos lo llamaban &#8220;Conozco, Ocupo y Olvido&#8221;. El mino era rico, entretenido y, de acuerdo a la leyenda, te hacía sentir como el centro del universo una noche entera. Cuando comenzaba a aclarar, él agarraba sus pilchas y se perdía en el horizonte. Era como un unicornio del encame. Me lo encontré una noche de viernes camino al Fausto. Había decidido caminar desde mi apartamento [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Tal vez soy parte de una minoría (o terriblemente puto), pero siempre he pensado que hay algo excitante en el sexo anónimo. La idea de tener un encuentro íntimo con un total desconocido, sin lazo alguno, se me hace atractivo y seductor.</p>
<p>En mis &#8220;años sueltos&#8221; tuve muchos encontrones anónimos, pero hay uno que sigue vivo en mi memoria por dos razones: Fue tan bueno que me dejó tiritón durante días y, lo más importante, fue con un personaje icónico de la fauna gay santiaguina. Mis amigos lo llamaban &#8220;Conozco, Ocupo y Olvido&#8221;.</p>
<p>El mino era rico, entretenido y, de acuerdo a la leyenda, te hacía sentir como el centro del universo una noche entera. Cuando comenzaba a aclarar, él agarraba sus pilchas y se perdía en el horizonte. Era como un unicornio del encame.</p>
<p>Me lo encontré una noche de viernes camino al Fausto. Había decidido caminar desde mi apartamento en el centro para disfrutar la noche fresca de primavera y también para ver si saltaba la liebre camino a la disco.</p>
<p>Lo vi sentado en una banca en el parque y fue imposible no darle una buena catada. Se veía bueno como el pan amasado en la mañana.</p>
<p>Para mi sorpresa, me hizo un gesto para que me acercara y, con la velocidad del Correcaminos, yo ya estaba sentado y babeando a su lado en menos de un pestañeo.</p>
<p>No me dijo su nombre, pero comenzamos a conversar como si nos conociéramos de toda la vida. El cabro era encantador y te embolinaba la perdiz con historias, bromas y palabras bonitas. Media hora de conversa y yo estaba completamente enamorado.</p>
<p>A la hora no quería que la noche terminara y lo único que deseaba era conocerlo más a fondo. Tenía la cabeza llena de pensamientos cochinos, cuando me preguntó si vivía cerca y propuso que nos fuéramos a mi casa. Yo de una comencé a pasarme la película. Me lo iba a servir de pies a cabeza, no iba a dejar centímetro de su cuerpo sin degustar; si no hubiese leyes en contra de sexo en público, lo habría empelotado ahí mismito.</p>
<p>Cuando llegamos a mi depto fue (como dicen por estos lares) <em>down to business</em>. El chiquillo comenzó a tirar las manos como un pulpo en celo y yo apenas podía contenerme. La ropa voló en los primeros 30 segundos y los resfregones y lengüeteos se pusieron intensos. El príncipe azul se movía como un gato, lento y seductor, ronroneando mientras se deslizaba de una a esquina a otra.</p>
<p>Me tenía con los ojitos blancos y los dedos de los pies como abanico en un día caluroso. La espalda se me arqueaba y hasta tiritones me venían a intervalos.</p>
<p>Ni siquiera habíamos entrado al área chica y yo estaba listo para irme en una ola de champaña y placer. Él me decía con el aliento entrecortado &#8220;quiero que esto dure toda la noche&#8221;.</p>
<p>Cuando finalmente el encontrón se puso heavy, el casanova se me tiró encima sin anuncio previo. A las patas de la cama les salieron várices y los resortes rechinaban como un violín desafinado.</p>
<p>Al final de la noche estábamos exhaustos y felices. Le pedí que se quedara, pero me  dio un último beso, se vistió y se fue. Nunca más lo volví a ver.</p>
<p>&#8220;Conozco, Ocupo y Olvido&#8221; es un ser mitológico. Como el Viejito Pascuero, se nos aparece a los colitas que somos buenos, nos da un regalito y luego se va. Yo hasta hoy estoy agradecido del obsequio que me tocó.</p>
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		<title>El pastel me pidió que tuviéramos sexo en medio de la fiesta</title>
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		<pubDate>Mon, 28 May 2012 06:01:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gay &#38; The City</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Movilh]]></category>
		<category><![CDATA[Nueva York]]></category>
		<category><![CDATA[porno]]></category>
		<category><![CDATA[sexo en vivo]]></category>

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		<description><![CDATA[Una noche en Nueva York es como una piñata: Uno nunca sabe lo que va a caer, pero es seguro que va a ser rico y divertido. Entre aventurero e irresponsable, mis primeras noches en la Gran Manzana me dejé llevar por lo que el destino me ponía en frente. Andrew  era barman en un bar gay del East Village. Entre copete y copete, nos metimos conversa y al final de la noche ya éramos yuntas. El profesional del combinado me contó que había llegado a Nueva York hacía cinco años con aspiraciones de artista, pero hasta ese entonces aún no le saltaba la liebre en el mundo de la farándula. Como el chachareo iba de lo más entrete, Andrew me preguntó si quería ir a una fiesta afterhour, y a eso de las tres de la madrugada partimos rumbo a uno de los jaraneos más locos que he tenido [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Una noche en Nueva York es como una piñata: Uno nunca sabe lo que va a caer, pero es seguro que va a ser rico y divertido. Entre aventurero e irresponsable, mis primeras noches en la Gran Manzana me dejé llevar por lo que el destino me ponía en frente.</p>
<p>Andrew  era barman en un bar gay del East Village. Entre copete y copete, nos metimos conversa y al final de la noche ya éramos yuntas. El profesional del combinado me contó que había llegado a Nueva York hacía cinco años con aspiraciones de artista, pero hasta ese entonces aún no le saltaba la liebre en el mundo de la farándula.</p>
<p>Como el chachareo iba de lo más entrete, Andrew me preguntó si quería ir a una fiesta afterhour, y a eso de las tres de la madrugada partimos rumbo a uno de los jaraneos más locos que he tenido en mi larga y carreteada existencia.</p>
<p>La fiesta era en el sótano de un edificio en el Meatpacking, área de Manhattan. La música electrónica sonaba a todo chancho, minos en patinetas se deslizaban entre los invitados y un grupo de chicas parecía estar cocinando o quemando inciensos. La fiesta era una mezcla de circo y feria de las pulgas.</p>
<p>Andrew se me perdió de una, así que me dediqué a intrusear y conocer gente. En una de las piezas había un grupo jalando coca como si el mundo se fuese a acabar. No es mi onda, así que dije hello y good bye rapidito. Los angustiados ni se dieron cuenta que entré y salí.</p>
<p>Por más que buscaba no podía encontrar copete en ningún rincón. Me estaba secando como una momia atacameña, con serio riesgo de sufrir un ataque de pánico, cuando un príncipe azul con una botella de vodka me extendió la mano.</p>
<p>No me pregunten cómo se llamaba, porque no le pregunté; nos tomamos unos tragos directo de la botella, me preguntó de dónde era, me dijo que le recordaba a un amigo y sin más cháchara nos lanzamos al atraque.</p>
<p>Estaba de lo más contento con el besuqueo, cuando el pastel me susurro al oído: “Quiero que tengamos sexo aquí, frente a toda esta gente”.</p>
<p>Yo sé que con todo lo que cuento en esta columna es difícil imaginar que soy tímido -además que, como he dicho, mis buenos toqueteos cochinos me he pegado en medio de una sala oscura con otras sombras alrededor-, pero de ahí a ensartarme en la mitad de una fiesta, nica.</p>
<p>No alcance ni a responder cuando el cabro ya tenía los pantalones por los tobillos. Me entró el pánico y traté de arrancar, pero él me agarró fuerte. “Que no te dé vergüenza”, me dijo, “es natural, todos los hacemos”.</p>
<p>Muy natural será, pensé yo, pero no iba a andar mostrándole el poto a un montón de gente que ni conocía, y menos hacer un show porno en la mitad de una fiesta.</p>
<p>El cabro era insistente y dale con que quería desabrocharme el pantalón.</p>
<p>Debo confesar que por una milésima de segundo la pensé, pero lueguito me regresó el sentido común, así que le di un beso y una sobadita en el huachalomo (porque muy decente seré, pero la carne no se desperdicia) y me fui.</p>
<p>Eran las 5 de la mañana y estaba muerto de sueño y medio asustado, pero con mi dignidad intacta. Y lo más importante, había mantenido mis pantalones a la cintura toda la noche, lo que en sí ya era una proeza.</p>
<p>Andrew apareció con cara de juguete y me preguntó si la estaba pasando bien. Le dije que estaba listo para irme. Como el cabro era buena tela, se fue conmigo. Le conté mi aventura con el exhibicionista y lo mejor de la noche fue su respuesta: “Qué bueno que no lo hiciste, acá uno no tiene sexo en frente de otra gente a menos que le paguen”.</p>
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		<title>Cuando se tiene el bichito del mariconeo, es sólo cuestión de tiempo</title>
		<link>http://www.cuatroletras.cl/columnistas/cuando-se-tiene-el-bichito-del-mariconeo-es-solo-cuestion-de-tiempo/</link>
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		<pubDate>Fri, 11 May 2012 17:12:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gay &#38; The City</dc:creator>
				<category><![CDATA[gastronomía]]></category>
		<category><![CDATA[Gay & the City]]></category>
		<category><![CDATA[Homosexual reprimido]]></category>
		<category><![CDATA[Iguales Chile]]></category>
		<category><![CDATA[Movilh]]></category>

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		<description><![CDATA[Yo debo haber sido uno de los peores meseros de la historia. Uno, soy más descoordinado que el gobierno de Piñera; dos, tengo pésima memoria, y tres, soy bien malas pulgas. Mi jefe no me echaba porque me tenía buena y porque se cagaba de la risa por los reclamos de los clientes, pero era claro que si hubiese trabajado en un lugar más serio me habrían pateado el culo y tirado a la calle la primera semana. Es bien difícil acostumbrarse a la idea de ser mozo después de haber tenido una carrera profesional. No es que no sea un trabajo digno, pero el ego es bien traicionero y se nos cuela en los pensamientos sin darnos cuenta. Pero no todo era sufrimiento, la pega tenía sus partes entretenidas. Cuando cerrábamos el boliche nos poníamos a chupar y a reírnos de los chascarros del día. Los cocineros (todos mexicanos) [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Yo debo haber sido uno de los peores meseros de la historia. Uno, soy más descoordinado que el gobierno de Piñera; dos, tengo pésima memoria, y tres, soy bien malas pulgas.</p>
<p>Mi jefe no me echaba porque me tenía buena y porque se cagaba de la risa por los reclamos de los clientes, pero era claro que si hubiese trabajado en un lugar más serio me habrían pateado el culo y tirado a la calle la primera semana.</p>
<p>Es bien difícil acostumbrarse a la idea de ser mozo después de haber tenido una carrera profesional. No es que no sea un trabajo digno, pero el ego es bien traicionero y se nos cuela en los pensamientos sin darnos cuenta.</p>
<p>Pero no todo era sufrimiento, la pega tenía sus partes entretenidas. Cuando cerrábamos el boliche nos poníamos a chupar y a reírnos de los chascarros del día. Los cocineros (todos mexicanos) se burlaban de mi acento y encontraban de los más divertido cuando les pedía choclos o paltas.</p>
<p>Entre esos chefs se encontraba Tino, un cabro con cuerpo de fisioculturista y estatura de mono de taca-taca. El chiquillo era bueno para la chacota y le gustaba calentarme el agüita. Aunque era hétero y tenía polola, cada vez que me pasaba los platos me acariciaba las manos y se largaba a reír.</p>
<p>Cuando nos curábamos me weveaba con preguntas insinuantes: “Ricky, ¿a usted le gustaría darme un masajito en la espalda?”, “Ricky, tengo una hinchazón por aquí abajo, ¿quiere verla? (dirigiendo su vista al bulto)”. Yo le seguía las bromas: “Cuando quiera nomás, Tino, usted me avisa”. Él se largaba a reír y a mí me subía la temperatura.</p>
<p>Un día, cansado  de que azuzara, me armé de valor y le dije: “Si tiene tantas ganas de probar, por qué no nos juntamos en la bodega en una hora”. El calienta sopa me miró y no dijo nada. Yo estaba decidido a terminar el cuento. O nos ensartábamos o la cortábamos de una. <em>Enough is enough</em>, como dicen mis amigos gringos.</p>
<p>A la hora me fui a la bodega y detrasito mío llegó el curioso. “Yo nunca he hecho esto”, me dijo. Yo me acerqué y le traté de poner un beso bien chupeteado, pero me paró y me dijo: “Sin besos, porque me da cosa”.</p>
<p>Yo no soy muy regodeón, pero eso de “sin besos” me hizo sentir un poco puta. En todo caso, no iba a perder la oportunidad. Le agarré la fajita al mexicano y noté que la tenía a media asta. Se me calentó la chichi al tirante.</p>
<p>Lo empecé a sobajear por encima del pantalón y él se puso tenso de una; para el porte del petiso, tenía su buena herramienta. Le desabroché el pantalón y el chipote chillón le saltó como se tuviese un resorte. Lo empecé a acariciar y él se quejaba como <em>cucurrucucú paloma</em>.</p>
<p>Yo estaba listo para tirarme al dulce con tutti, cuando a mi Romeo le dio un ataque de pánico. Me pegó un empujón, se abrochó el pantalón y me dijo que no podía. Antes que pudiese contestarle, el cabro ya iba apretando como el Correcaminos. Ahí me quedé listo para la batalla y con la media angustia.</p>
<p>A partir de ahí Elías cortó el tandeo. Apenas me miraba y definitivamente no me hablaba. Con el tiempo el bochorno se le pasó y volvimos a ser amigos. En medio de una de nuestras curaderas yo le tiré un par de palos para ver si podíamos terminar el encontrón, pero no pescó. La curiosidad se le había pasado.</p>
<p>Años más tarde, mi amigo se casó y hasta el día de hoy me pregunto si alguna vez habrá satisfecho sus urgencias coliguachas. Yo creo que sí. Cuando se tiene el bichito del mariconeo, es sólo cuestión de tiempo catear la tula loca.</p>
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