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"Si no tienes sentido del humor, estás a merced de los demás". -William Rotsler- |
Sé que no son pocos quienes han andado con tiritones de pera debido al chanta colombiano que dijo en Megavisión que este 20 de mayo se iba a desatar un megasuperhíper terremoto. Y no así como así. Sin un gramo de anestesia, Edwin Robles “aseguró”, a través de sus conocimientos de parapsicólogo experto en mayas y en Nostradamus, que el sismote sería a nivel planetario con epicentro en Chile.
Y claro, el fulano se retractó en posteriores entrevistas luego que los periodistas le hicieran saber que la gente aún no se repone del terremoto y tsunami de febrero de 2010 ni del reciente sismo en el centro norte, sin contar la ola de temblores fuertones en todo Chile. Además que, acorralado por las preguntas de sagaces colegas, el tipo tuvo que reconocer que se había ido al marrano y que de sismología, geología y oceanografía sabía tanto como la cuádruple raíz de la razón suficiente, de Schopenahuer. Pero así y todo, la tembladera de canillas no se les pasa a todos.
Usted dirá que se ríe de los anuncios del fin del mundo, pero se asombraría de saber la cantidad de quienes los toman muy en serio. Y no por una cuestión social, sino dependiente del medio en que a cada cual le tocó desarrollarse. Ya ve que hay ricachones que al menor anuncio de cataclismos corren a refugiarse a sus bunkers. ¡Y viera los que hay en construcción!
Apocalipsis Now!
Hasta yo, que me considero centradito, he sudado frío. ¡Y cómo no! Tome nota del bombardeo de anuncios apocalípticos al que nos hemos visto sometidos sólo desde el último mes hasta hoy. Y ya sabe que de tanto picotear el cascarón, el polluelo lo rompe. Y ahí es donde nos joden: ¡Con qué diablos nos vamos encontrar afuera! ¿Creerá que a veces con un par de suertudos que le achuntan en sus atrevidos vaticinios? Me refiero al estudiante Jaime Andrés Vidal Paredes y su anunció del temblor en la Región del Maule, y al terremoto de abril pasado, anticipado por los brasileños de Red Quake Alert.
Pero bueno, ahí está usted viendo la TV -sobre todo la TV- o leyendo su medio escrito preferido y, apenas salido de un susto, lo meten en otro peor: La zona comprendida entre el sur de Perú y la península de Mejillones, “en donde históricamente ha habido fuertes remezones, no ha visto acción desde 1877 y todo indica que no falta mucho para que se ponga al día”. Y no lo dice cualquiera, sino el sismólogo Armando Cisternas, académico de la Universidad de Chile y de la Universidad Louis Pasteur, de Francia.
Susto. Qué quiere que le diga si creo en la Academia, a pesar que la mayoría de los colegas de don Armando confiesa que los sismos no se pueden predecir porque son millones en sus distintas intensidades y lugares.
Respecto de la fecha exacta, las sibilas de todos los oráculos se van por la tangente y apenas logran establecer, con imágenes, que a quien come mucho chocolate le salen granos en la cara, los que pueden reventar o chingarse.
En una de esas apareció el ingeniero Pedro Gaete advirtiendo que Chile se partiría en tres partes a causa de una megallamarada solar. El hombre, por uno u otro motivo, continúa siendo entrevistado hasta hoy. Le ha ido bajando el perfil a sus predicciones y teorías de conspiración, pero ahí se mantiene, en el medio del ring, y nosotros, agotados, frente a él.
Ni que hablar de José Tous Borrás -de quien se cuelgan muchos- quien jura que existe un misterioso proyecto de la Fuerza Aérea norteamericana conocido por la sigla Haarp. Ahí sí que las vimos duras. Para don José, el proyecto Haarp de la Marina y la Fuerza Aérea de Estados Unidos, en apariencia una inocente oveja, es el calentador ionosférico más potente del mundo y posiblemente la más sofisticada arma geofísica construida por el hombre, con la capacidad potencial de desencadenar inundaciones, sequías, huracanes y terremotos. Que es lo que estaría haciendo desde hace tiempo.
Es proverbial que la cordura termina por campear. Pero cómo, si la TV y otros medios de comunicación no dejan de dar programas relacionados con el “inminente” fin del mundo. Y ya no para diciembre, sino para el 21 de este mes. Al respecto, algunos han creído ver en este mal augurio la cuenta anual o mensaje presidencial que leerá Piñera, quienes presienten que será un nuevo terremoto en los bolsillos del pueblo, pero na’ que ver, esto no se trata de imágenes poéticas ni de bromas.
Hasta extraterrestres
Sí. La cosa es seria. No para asustarse, sino para tomar medidas y pronto. No es posible que sigamos creyendo en el fin del mundo con el ejemplo de los dos mil anuncios truchos que ha habido desde San Juan Evangelista hasta la princesa japonesa Kaoru Nakamaru, reaparecida en los últimos días porque si hay que cagarle la psique a la gente démosle con todo.
Aguaite lo que dijo, aproximadamente porque no cacho mucho japonés: Que mantiene contacto con seres extraterrestres, que en el centro de la Tierra vive gente, que habrá tres días de oscuridad sin sol ni estrellas y ciudades bajo tierra, y que hay un planeta habitable para seres humanos. ¿Qué tipo de seres humanos? ¿Dónde están esas naves que transportarán a eventuales y privilegiados hijos de Noé, por no decir otra cosa?
Y vamos sumando porque, por mucho que nos resistamos, la majadería es tan poderosa como lo subliminal. Sólo entendamos que los Harold Camping seguirán existiendo y embolsicándose millones de dólares. Hasta el momento, en ningún rincón del planeta se ha sabido de algún 21 de mayo con un superextraterremoto ni invasiones de extraterrestres ni raptos del más allá a cuestas.
Los agoreros de siempre
¿Eso sería todo? Ojalá. Por primera vez, colgados de los mismos que echaron a correr el mito del Judío Errante y de la yeta de Palmenia Pizarro, los agoreros de siempre dijeron que la tierna y maternal Luna podría ser, sino la causante del fin del mundo, anuncio del Armagedón y, lo más inquietante, que algo grande sucedería el fin de semana pasado a raíz de su perigeo. Ya estamos a miércoles. ¡Miércoles! Y no ha pasado nada. Ve que la Luna sigue siendo de los poetas y no de los licántropos ni de los tsunamis. Un verso por ahí, una marea alta o baja por allá y punto.
¿Por qué no se habló del perigeo lunar como algo causante de desgracias el año pasado o hace una década? Porque no había de dónde colgarse. Ahora sí: De esa mierda de los mayas –interpretados al regalado gusto-, del Apocalipsis, de las auroras sureñas, de los eclipses sospechosos y de la manguera del buzo. ¡Cuándo se había visto temerle a la Luna! Pero no, que esta vez venía con bronca. ¿Sabe qué más? Le propongo que la próxima vez que vea un programa del fin del mundo lo tome como si estuviera disfrutando una de esas películas gringas de destrucción masiva, acompañado de un paquete de cabritas y, en lo posible, de un par de chelas. Y ríase de los peces de colores y de los que le meten cuco con el cuco.
Gabriel Enos Aguirre fue un periodista de dilatada carrera en diferentes medios de la capital y de provincia, hasta que se retiró jubiloso de las pistas en 2005 para dedicarse de lleno a la literatura y a la pintura. Junto a ello, en la actualidad dirige el Taller Literario Homero y colabora para el Cuatroletras. Es el tata del equipo. Tiene 65 pepas, pero no representa ni 64, lo que se reflejan en su juvenil estilo de escribir.
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