|
"Si no tienes sentido del humor, estás a merced de los demás". -William Rotsler- |
Hay comentarios que aportan y otros que sencillamente deberían ser erradicados apenas se atreven a surgir. No se trata de coartar la libertad de expresión, sino de algo mucho más productivo: Comunicarse con sentido.
Me encontraba en ese punto abstracto entre Facebook y Twitter en que no tienes nada que decir, pero ojeas pasivamente lo que se dice en las redes, cuando súbitamente se abre una ventana de chat y me comentan: “Hoy te vi en el centro, pero no estaba seguro que eras tú”.
No tenía nada de especial, salvo que el autor de la frase tiene el agrado de haberse convertido en uno de esos personajes a los que recuerdo sólo porque la segunda y última vez que lo vi en mi vida fue en una fiesta donde todos querían pegarle de lo puro pedante. De hecho, en esa oportunidad me salió del alma ponerlo en su lugar porque no dejaba hablar a una de mis invitadas. Ni debería figurar en mis redes sociales, pero la verdad es que de lo puro volada que soy ni me acordé de eliminarlo.
Pero ahí estaba ahora, agazapado en las gradas de la Catedral de Santiago, fingiendo deseos de entrar y confesarse, cuando pasé caminando enfrente y en su cerebro una lucecita se encendió, indicándole que a este ser humano lo conocía.
“Efectivamente, estuve en el centro hoy. ¿Cómo te ha ido?”, fue mi inocente aporte al diálogo, sin presagiar la burrada que vendría entonces.
“Nunca olvido una cara. Te vi más alta y más delgada, por eso dudé, pero ya veo que no estaba equivocado”, pronunció con aire triunfal. Y entonces me hallé en esa incómoda situación en que te obligan a un diálogo en el que no estás interesado, y peor aún, sin saber qué responder ante una tontera como esa.
Soy bastante delgada, quizás demasiado, de acuerdo a la preocupación de mi círculo más cercano. Por ende, no logro comprender qué trata de decirme alguien que me ve “más alta y delgada” que hace medio año.
Más allá de si me importa o no que un cuasi desconocido me encuentre escasa de lípidos, me cuestiono el objetivo de ese comentario. ¿Piropo? Mala idea. Cualquier mujer lee que la encontraron chica y gorda la última vez que la vieron. ¿Lucirse por tener buena memoria? Recordar los rostros no es una habilidad del otro mundo.
¿A qué viene que le dedique tantos minutos a este episodio minúsculo? A que me preocupa seriamente la capacidad que tenemos de comunicarnos. Más allá de poder entablar una conversación profunda e interesante, actos tan pequeños como pasar a saludar, que son de lo más agradables, se pueden ver empañados por decir una estupidez que caiga en un momento poco apropiado. ¿Y si estoy enferma y de verdad necesito ganar peso? ¿Me ayuda que alguien me recuerde lo esquelética que estoy?
Recuerdo cuántas veces me he amurrado por comentarios desafortunados en malos momentos. Ahora pienso que lo único que uno puede hacer siempre es recordar que la otra persona no tiene ningún interés en molestarnos o hacernos pasar una rabia. Tal vez sólo trata de ser amable, sin lograrlo, claro está. Ante una situación de estas, mejor respirar y no dejar que algo así arruine el día.
Aunque nunca está de más pensar una fracción de segundo antes de decir algo. Uno nunca sabe cuándo se puede convertir en el más odiado de la fiesta…
Periodista y poeta, soltera con alevosía y defensora a toda costa del espíritu libre. Cree fervorosamente en el amor, pero basta un anillo para que muestre sus dotes de velocista. Sólo cocina para impresionar. A veces potentada, y otras pobre como rata, pasa las noches acompañada de su gato y una copa de vino, haciendo con pasión lo que más gusta: escribir.
OPINAR ES GRATIS 